En el 2020, China puede que tenga entre 30 y 40 millones de hombres que no podrán conseguir esposas.


En el 2020, China puede que tenga entre 30 y 40 millones de hombres que no podrán conseguir esposas.

Ante la escasez de mujeres en el gigante asiático, estudian gravar con una tasa a los extranjeros que se casen con una. 

Que en China hay muchos más hombres que mujeres no es nada nuevo. La política del hijo único y la preferencia por los descendientes varones han provocado que nazcan 113 de ellos por cada cien mujeres. Que ellas tienen mucho más éxito entre los extranjeros que ellos, tampoco es noticia. La combinación de estos dos hechos provoca frecuentes debates en el ciberespacio chino, donde airados comentarios sobre el «robo» de sus mujeres y sobre la decencia de éstas son contestados con no menos hirientes observaciones sobre el comportamiento machista y «poco evolucionado» de los compatriotas masculinos.

Pero el asunto no es tan banal como parece. De aquí a 2020 podría haber entre 30 y 40 millones de chinos que, salvo que se decanten por la homosexualidad, no encontrarán pareja. Y eso es una bomba de relojería para la estabilidad social que tanto preocupa a los dirigentes del país. Por si fuera poco, China está sufriendo también uno de los daños colaterales del desarrollo: el envejecimiento de la población. En ciudades como Shanghai, con 22 millones de habitantes, la esperanza de vida es ya de 82,13 años, y los mayores de 60 años superan en dos millones a los menores de 14.

Tensión demográfica

En un país que todavía no ha construido un sistema social que cuide de la población más desfavorecida, el bienestar de los ancianos recae sobre sus descendientes. Pero la política del hijo único y el creciente individualismo que ha traído consigo el auge económico del país hacen insoportable la tensión demográfica. Por esta razón, las autoridades de ciudades como Shanghai se plantean la posibilidad de ampliar a dos el número de hijos permitidos.

Sin embargo, Luo Tianhao, un investigador del Cheung Kong Graduate School of Business, aboga por ir mucho más allá para frenar esta «situación de peligro». Su idea es que las mujeres que quieran casarse con un extranjero paguen una tasa que ha denominado «el impuesto de las chicas bonitas», que variaría en función de la renta per cápita del país de su novio.

Así, un español debería pagar en torno a 24.000 euros para contraer matrimonio con una mujer china. Más barato les saldría a los sudamericanos -unos 6.000 euros pagaría un argentino, por ejemplo- y no queda claro si los hombres de países cuyo poder adquisitivo es inferior al de China quedan exentos del pago o no. Lo curioso es que ya existe un precedente real que avala esta iniciativa: el de Bielorrusia, un país del que, según Luo, China «debería aprender».

Aunque no parece que la medida vaya a prosperar, el debate está servido. «Menudo idiota (por Luo), todo el día pensando en la forma de recaudar más impuestos. No has podido pensar en que el Gobierno cobre menos impuestos para que los jóvenes tengan más dinero y puedan cortejar mejor a las mujeres», contraataca en la red el cibernauta Ying Zhiwu.

Fuente: Ideal.es

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