Serotonina, oxitocina y el falso amor


La caída en niveles de serotonina en el cuerpo de una persona enamorada, es lo que causa literalmente obsesionarse con ella.

Si esa noche, por lo que sea, tus niveles de testosterona se encuentran más elevados de lo normal, tu apetito sexual se verá incrementado. Seguro que tendrás más predisposición a encontrar alguna aventura amorosa. Pero si no tienes éxito, no te inquietes. La testosterona sube y baja rápidamente sin mayores repercusiones y, al día siguiente, todo empieza de cero otra vez.

En caso de que sí hayas tenido sexo satisfactorio con alguien, habrás notado el subidón de dopamina, la hormona del placer. Si realmente ha sido bueno te habrá gustado tanto que querrás repetirlo a casi toda costa. ¡Pero que la dopamina no te engañe! En el fondo, a ella le da igual si vuelves con la misma pareja o no; incluso te permite sentirte enamorada/o de dos personas a la vez. 

De acuerdo, de acuerdo… si ha estado tan bien, quizás hayan bajado un poco los niveles de serotonina, experimentarás un estado de desorientación y pensarás que esa persona es especial, tiene algo. Empezarás a enamorarte.

Quizás tras varios picos de dopamina notes cierta sensación de adicción. Puedes relajarte y disfrutarlo con tranquilidad: en este estadio la testosterona y la dopamina no forman parte relevante de la historia. Desdecirse no sería traumático todavía. Lo serio de verdad llega cuando la oxitocina aparece en escena. Tu cerebro la segrega a grandes cantidades en cada orgasmo, y es la responsable del sentimiento de apego, de unirte definitivamente a tu nueva pareja. Si hubiera una hormona culpable del amor, esta sería la oxitocina. Cuando están juntos, la oxitocina les reduce el estrés y el miedo, mientras les aumenta la confianza, la generosidad, la sensación de bienestar en cada abrazo. Es la esencia química del afecto. Y lo más importante: hace que te sientas feliz cuando observas a tu pareja feliz. Su satisfacción pasa a ser más importante que la tuya propia. Ahora sí que puedes decir honestamente “te quiero”, en lugar del “te deseo” propio de la etapa dominada por la dopamina.

De todas formas no te confíes. Asegúrate de mantener los niveles de oxitocina altos a base de orgasmos, para evitar que vayan decreciendo hasta perder el apego. Si esto les ocurriera a los dos a la vez, tampoco sería tan grave. La tristeza de la separación daría paso rápidamente a una sensación de alivio. Lo peligroso, desdichado, insano, funesto, devastador sucede cuando, por cualquier motivo, la relación se rompe mientras los niveles de oxitocina están al máximo. Entonces la química cerebral se vuelve loca. La serotonina baja por los suelos: te deprimes, te desesperas, pierdes la cordura, dudas constantemente de qué es correcto y qué incorrecto, y aparece la ansiedad, la obsesión.

Te separas y de repente tus neuronas encargadas del placer ya no segregan nada de dopamina. Notas un síndrome de abstinencia brutal. Tu cerebro pide a gritos sinápticos volver a ver a tu amor. No deberías hacerlo; sería un suicidio, hormonalmente hablando. Recaerás como el alcohólico que en el momento de más debilidad piensa “será sólo una copa”. Dale tiempo a tu química cerebral para que restablezca sus niveles normales. Además, allí ya no hay amor verdadero. Bueno, quizás sí lo hay, pero queda ofuscado por el deseo egoísta de sentirte mejor, de aliviar tu propio sufrimiento. En esos momentos no estás pensando en qué es lo mejor para él o ella.

“Quiero continuar siento tu amiga/o” puede decir el que haya salido más o menos ileso de la desdichada ruptura. Científicamente, esto es absurdo. Es como si pretendieras curar al alcohólico diciéndole: “Debes dejar de beber. Pero puedes continuar yendo a los mismos bares, no hace falta que tires las botellas de tu casa, y dale un inocente beso al vino cada cierto tiempo”. Los neurocientíficos expertos en adicciones saben que eso no lleva a ningún sitio. Si les hiciéramos caso, la terapia del desamor incluiría borrar teléfonos, mails, y tirar fotos a la basura, por muy doloroso que sea.

Según la neurociencia, esto es lo que le ocurre a un cerebro enamorado. Nunca lo aceptaríamos como justificación de nuestra situación individual, porque hay demasiadas excepciones y casos particulares que se escapan a la lógica química. Pero de todas formas nos lo creemos. Nos gusta que la ciencia nos dé su versión acerca de lo que nos pasa.

Fuente: Oblogo

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