Los mayas predijeron la venida de Quetzalcoalt en 1519, pero fue Hernán Cortés quien llegó y terminó en una terrible matanza


Hernán Cortés llegó a México en 1519, justo en la misma fecha en que los mayas predijeron que Quetzalcoalt regresaría a reclamar Tenochtitlán y por esto lo recibieron de manera pacífica, pero la mala coincidencia terminó en una terrible matanza.

Quetzalcoatl, la “serpiente emplumada”, dios civilizador de los aztecas, que luego de cumplir con sumisión se fue prometiendo regresar en el año Ce Acatl (1 Caña), cuando coincidieran los tres calendarios utilizados por los aztecas: el ritual o lunar, el solar y el venusino.

Irónicamente, esta fecha coincidió con el año 1519, fecha enque los españoles llegaron a México. Los aztecas creyeron que Hernán Cortés era Quetzalcoatl que regresaba...

Acerca de la llegada de este último, Bernardino de Sahagún, nos dice que:

"Como oyó la nueva, Moctecuhzoma despachó gente para el recibimiento de Quetzalcóatl, porque pensó que era el que venía, porque cada día le estaba esperando, y como tenía relación que Quetzalcóatl había ido por la mar hacia el oriente, y los navíos venían de hacia el oriente, por esto pensaron que era él..."

Muchos presagios funestos se habían presentado en aquellos días, y esto mantenía pensativo a Moctezuma. El tlatoani (emperador) de Tenochtitlán se apresura a enviarle a Cortés varios obsequios, como los atavíos de algunos dioses, entre ellos los de Quetzalcoatl. Según Sahagún, las palabras de Moctezuma fueron:

"Mirad que me han dicho que ha llegado nuestro señor Quetzalcóatl. Id y recibidle ... Veis aquí estas joyas que le presentéis de mi parte, que son todos los atavíos sacerdotales que a él le convienen..."

Luego, Moctezuma, dubitativo, trata por todos los medios de alejar a Cortés y sus huestes, pero éste ha tenido buena acogida por parte de los totonacas y a poco encalla las naves, con lo cual toma la determinación de conquistar Tenochtitlán.

La llegada de Quetzalcóatl. Detalle del mural de José Clemente Orozco.

Sahagún nos habla de otro retorno, el de Tloque Nahuaque, con el cual acabarían los tiempos. Dice así el texto:

"Ahora lentamente se va más allá el Señor Nuestro, Tloque Nahuaque. Y ahora también nosotros nos vamos, porque lo acompañamos a donde él va, al Señor Noche Viento, porque se va, pero habrá de volver, volverá a aparecer, vendrá a visitarnos cuando esté para terminar su camino la Tierra."

Quizá este relato explique los temores de Moctezuma. En cuanto a Quetzalcoatl, al marcharse hacia el oriente después de abandonar Tula, se incinera en las orillas del agua celeste y su corazón se convierte en el lucero del alba. De todas maneras, resulta interesante la actitud de Moctezuma de alejar a los recién llegados.

Las estratagemas para acabar con los conquistadores fracasan, y así, finalmente, Cortés y sus hombres llegan al corazón del imperio y son recibidos por el tlatoani. No sabemos si las palabras de recibimiento son parte de la retórica náhuatl o si, por el contrario, Moctezuma aún pensaba que realmente era Quetzalcoatl que regresaba, después de haber visto las acciones y matanzas como la de Cholula. Sea como fuere, las palabras atribuidas a Moctezuma, de acuerdo con Sahagún, son las siguientes:

"¡Oh, señor nuestro! Seáis muy bien venido, habéis llegado a vuestra tierra y vuestro pueblo, y a vuestra casa México: habéis venido a sentaros en vuestro trono, y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído algunos días...

Esto es por cierto lo que nos dejaron dicho los reyes que pasaron, que habíais de volver a reinar en estos reinos y que habíades de asentaros en vuestro trono, y en vuestra silla; ahora veo que es verdad lo que nos dejaron dicho..."

Estas palabras parecen confirmar el pensamiento de Moctezuma en relación con los recién llegados. Prisionero del capitán español pocos días después, Moctezuma muere y su muerte es llorada por su pueblo. Posteriormente, primero Cuitláhuac y después Cuauhtémoc asumen el mando de Tenochtitlán y los combates arrecian por doquier.

Cortada el agua potable que venía de Chapultepec y sin tener manera de abastecerse de alimentos, los aztecas van debilitándose, pero aun así la resistencia es impresionante.

Todo concluye el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc es tomado prisionero y llevado frente a Cortés; ahí pide la muerte digna del guerrero: "Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cintura y mátame luego con él."

Cortés lo perdona, con lo cual el sufrimiento del joven tlatoani debió de ser infinito, pues no se le concedía morir sacrificado, como correspondía a un guerrero, para acompañar al Sol.

El retorno de los dioses había sido funesto. Con ellos traían otros dioses y otra manera de pensar. Callaban los sacerdotes de Huitzilopochtli para dejar la palabra a los sacerdotes cristianos.


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