Los egipcios antiguos dormían en almohadas hechas de piedra


Los egipcios antiguos dormían en almohadas hechas de piedra

Los faraones podían dormir con apoyacabezas incómodos hechos de materiales preciosos (como el oro) o madera labrada. El pueblo llano, que no tenía recursos, utilizaba materiales baratos como la piedra. No tenían forma de las almohadas actuales, eran sólo apoyacabezas, se elevaban un poco y tenían una forma redondeada en los extremos que se abrían para que la cabeza quedara asentada allí.

Las almohadas más antiguas de que se tenga registro datan de hace 9,000 años. Fueron usadas en la cuna de la civilización, Mesopotamia, en el lugar en que se encuentra actualmente Iraq. Sin embargo, estas almohadas difícilmente caen bajo nuestra definición actual, pues no amortiguaban. Estaban hechas generalmente de piedra. Estas antiguas almohadas de piedra las encontramos nuevamente en Egipto, Quizá las usaban para protegerse de bichos que podían entrar en contacto al estar durmiendo con la boca, la nariz o las orejas. Se cree, sin embargo, que algunos egipcios con mayor posición social ya usaban almohadas suaves y acolchonadas. Es difícil saber con seguridad el porqué de estas almohadas duras, pero no fueron ellos los únicos que las usaron.


Los antiguos chinos llevaron al límite de la perfección las almohadas duras. Ellos usaban almohadas hechas de diferentes materiales, como la piedra o la madera, pero siempre artística mente decoradas. Las culturas asiáticas creían que las almohadas suaves robaban energía del cuerpo mientras se dormía. Esta era la razón por la que desarrollaron almohadas duras tan elaboradas. Para el siglo VI D.C. empezaron a hacer almohadas de cerámica, extremadamente bellas, aunque para nuestro gusto, poco confortables. Las geishas japonesas usaban almohadas similares para sostener su cuello, de tal manera que no estropease su peinado. Esa tan importante lucir siempre un bonito peinado, que no querían perderle al dormir.

Posteriormente, los japoneses abandonaron las almohadas duras, y empezaron a usar almohadas hechas de cáscara de alforfón (variedad de trigo). Esta planta sirve muy bien para hacer almohadas, pues toma la forma de la cabeza y el cuello, ofreciendo un muy buen soporte a esta parte del cuerpo.

Pero no todos en la antigüedad prefirieron las almohadas duras. Los griegos y los romanos usaban almohadas mucho más parecidas a las que usamos hoy día. Estas almohadas estaban hechas de tela rellena de plumas, pequeñas cañitas o paja. Frecuentemente estaban bordadas. Los maestros artesanos que se dedicaban a hacer almohadas gozaron de gran prestigio en esta época.

Después, como muchas otras cosas, las almohadas casi desaparecieron durante la Edad Media. La mayoría de la gente no usaba almohada. Se dice que cuando Enrique VIII reinó en Inglaterra (de 1509 a 1547), prohibió el uso de las almohadas para todos, exceptuando a las mujeres embarazadas. La mayoría de los hombres ni siquiera estaban interesados en usar almohadas, ya que era considerado un símbolo de debilidad.

Finalmente llegamos al siglo XIX, y con el, la Revolución Industrial. La industria que primero sintió los efectos de esta Revolución Industrial, fue la industria textil. Y, de repente, las almohadas empezaron a producirse en masa, y todo el mundo podía tener una bajo su cabeza al dormir. Se convirtieron no solo en un artículo funcional, que ayudaba a dormir más cómodamente, sino también en artículos meramente decorativos para camas, sofás y sillones. Y, desde entonces, las almohadas han sido nuestras inseparables compañeras en la cama a la hora de dormir...

Pasamos la tercera parte de nuestra vida en nuestra cama, con nuestra almohada como compañera. Esto por si solo la hace muy importante. Un buen día siempre comienza con un buen descanso por la noche. Y una almohada adecuada puede ayudar mucho.

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