El amor te hace realmente ciego y todo está en nuestro cerebro


El amor es realmente ciego. Al enamorarte, la parte del cerebro asociada con el juicio se suprime, lo que impide que veas los defectos de tu pareja.

El enamoramiento provoca cambios que impiden ver los defectos de la pareja. Algo parecido les pasa a las madres con sus bebés.

Helen Fisher ha procurado explicar por qué se dice que el amor es ciego. “Cuando estamos enamorados así como vimos las áreas que se activan, hay un área del cerebro que se desactiva, una parte de las amígdalas cerebrales, que se relaciona con el miedo. Por eso no vemos los aspectos que no nos gustan”.

Con estudios con resonancia magnética funcional, se corroboró que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban las áreas que pertenecían al “sistema de recompensa cerebral, medidas por dopamina” y que contienen una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina. Dichas hormonas son producidas “durante los placeres táctiles del acoplamiento”, según afirma un estudio.

Por otra parte, el neurobiólogo británico Semir Zeki, en relación al amor romántico, observó una activación de la corteza cingulada anterior, de la corteza prefrontal derecha y la corteza temporal de los dos hemisferios. Se explicaría así por qué el “amor es ciego” vinculando así esta expresión que se da paralelamente a esa activación, y que desactiva los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas (la amígdala, que como vimos, está estrechamente relacionada con el peligro y el miedo) y de la evaluación social, por lo que se inhibirían las emociones negativas, afectándose el circuito neural involucrado en realizar un juicio social sobre otra persona. Eso provocaría que cuando alguien gusta mucho de otro, sólo lo juzgue por sus aspectos positivos y “no vea” los negativos.

Interesante es la publicación en New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por Bartel, quienes también corroboraron que cuando la gente contempla a su enamorado, se suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la “evaluación crítica” de la otra persona.

Ya hemos visto como en el estado de enamoramiento, en el comienzo de una relación, hay zonas del cerebro que se activan específicamente, y que neurotransmisores como la dopamina y la serotonina están relacionadas con las emociones románticas; mientras que las hormonas oxitocina o vasopresina tendrían que ver con el apego y la fidelidad.
 
vasopresina



Al enamorarse se activan algunos procesos cerebrales y se segregan sustancias que hacen cambiar al individuo. De hecho, cuando uno se enamora cambia hasta su forma de ser y entre otras cosas, como dice Bartel, se suprimen circuitos que sirven para la evaluación crítica.

Estos cambios tienen que ver con que la oxitocina aumenta la confianza, y es un factor importante en el desarrollo de una relación amorosa. En una experiencia de un juego de laboratorio ideada por el neuroeconomista Ernst Fehr, de la Universidad de Zúrich (Suiza), casi la mitad de los que tenían el papel de inversores dieron su dinero a un administrador anónimo, sin garantías de que se les devolviera, si aspiraban oxitocina antes de jugar.

Inspirados en este estudio, el equipo de Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Nacional de Salud Mental (EEUU), estudió que pasaba en los cerebros de los voluntarios que aspiraban la oxitocina. Encontró que la hormona reducía la actividad de una parte del cerebro conectada con el hipotálamo, donde se detecta el temor, y su acción parece ayudar a sobreponerse al “temor social”, lo que facilita el unirse a otra persona.

Sin duda, para que el lazo pueda tener lugar, el varón y la mujer deben estar juntos y para muchas personas eso significa pasar por los pros y los contras de enamorarse. Pero en el amor romántico parece “incendiarse” el cerebro y perderse muchas de las posibilidades de evaluación objetiva.

Los neurotransmisores son fundamentales. “Enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir la pareja”.

Hay que remarcar que cuando se habla del amor, el romántico, los enfoques para abordarlos pueden ser variados. “Las manifestaciones afectivas o emocionales, entre las que están el amor, la alegría, la ira, el miedo, estas tienen un componente psicológico y otro físico; expresándose éste último, a través de cambios somáticos y viscerales”, (Roberto E. Sica, Jefe de División Neurología del Hospital Ramos Mejía).De manera que muchas manifestaciones físicas también pueden evidenciarse en estos casos.

Hemos visto que los mismos patrones neuronales implicados en la formación de relaciones románticas están implicados en la adicción a las drogas. El proceso cerebral de emparejarse (formar pareja) con otra persona podría ser similar al de convertirse en adicto a las drogas puesto que ambos activan los circuitos del sistema de búsqueda de recompensa del cerebro.

Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y presta más soporte científico al dicho popular “el amor es ciego”. Pero, en la ciencia del amor también se observa que existe una respuesta natural que obedece algunas reglas instintivas como las feromonas y estéticas indicadas por el cerebro en relación a aquello que mejor nos impresiona al primer golpe de vista. O quizá sigamos pensando así porque preferimos seguir viendo al amor como espontáneamente poético, incidental y sin control. Lo cierto es que no todo debe ser hormonal o debido a una buena interacción entre neurotransmisores. En el amor, se sabe, hay otros misteriosos ingredientes.


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