Algunas plantas de bambú pueden alcanzar hasta casi un metro por día


El rango de crecimiento de algunas plantas de bambú puede alcanzar hasta casi un metro por día.

El bambú crece mejor en clima tropical o subtropical, sin embargo hay especies que toleran hasta -25° C como la Chusquea aristata crece en Ecuador hasta la línea de nieve perenne de los Andes.

Las especies monopodiales se propagan horizontalmente de 1 a 6 m/año, durante unos 10 años, mientras que las sympodiales se desarrollan horizontalmente por distancias cortas, según un esquema radial del cual cada bulbo genera otros 2 o 3. Distintos sistemas de raíces pueden intersecarse, constituyendo redes de dimensiones progresivas que van de 25.000 a 187.000 km/ha y gracias a ello contrastan eficazmente la erosión del suelo en particular lugar en zonas más propensas a desmoronarse y disgregarse, como a lo largo de terraplenes y riberas fluviales.

Los brotes se desarrollan desde el rizoma y pueden permanecer bajo tierra por varios años. Apenas emergen, se desarrollan con enorme velocidad: en 20 - 30 días la caña alcanza su altura máxima, para luego robustecerse. Dependiendo de la especie, la caña puede crecer no más de 30 cm de altura con un diámetro máximo de 2,5 cm o alcanzar en ciertas condiciones los 40 m de altura con diámetros de 5 a 12 cm y espesores de la pared del tronco de 1 cm. A excepción de las hierbas, ninguna otra planta crece tan velozmente como el bambú, con un récord de 121 cm/día medido en 1956 por Nagaoka en Kyoto en un ejemplar de Phyllostachys edulis.

El crecimiento habitual es de 25 cm/día y cada brote que se asoma contiene ya en miniatura todos los nudos que tendrá la caña madura.

La gran velocidad de crecimiento del bambú se traduce en una gran productividad de biomasa que, en condiciones ideales, puede llegar a superar las 50 ton/ha/año.

Debido a que se recolecta a los 5 años y se regenera sin tenerlo que replantar el bambú contribuye a una gestión forestal sostenible.

Uno de los aspectos más misteriosos del bambú es su florecimiento.

Algunas especies mueren luego de haber fructificado, mientras otras pueden florecer anualmente varias veces. Las especies pequeñas florecen a los 3 o 4 años, mientras que las gigantes lo hacen al cabo de un periodo de 20 hasta 120 años. El florecimiento puede ser esporádico o masivo, es decir, solo algunas cañas individuales o todo el cepellón, o incluso todos los bambúes que se encuentran en una nación. En 1880 fueron plantados en un invernadero de Inglaterra unos rizomas de Chusquea abetifolia provenientes de las Indias Occidentales. En 1884 las cañas florecieron en invernadero al mismo tiempo que sus hermanas de la zona de origen. Parece que exista una correlación entre el florecimiento del bambú y la actividad de las manchas solares.

Las flores dan origen a frutos, que en general caen a tierra antes de madurar. Las semillas tienen una baja tasa de fertilidad: en un experimento realizado por Mc Clure en 1966, solo 1% de las semillas plantadas llegó a germinar. Normalmente la planta muere junto con sus rizomas pocas semanas luego de haber fructificado.

Si los aspectos biológicos del bambú son sorprendentes, sus propiedades mecánicas son una fuente de inspiración para los expertos en biomimética. Observando por ejemplo la distribución de los vasos vasculares en la pared de la caña, salta a la vista que las fibras de mayor resistencia se reagrupan más densamente en la periferia, donde los esfuerzos estáticos son mayores, en modo similar a las barras de armadura de las construcciones en hormigón armado.

Según Stöckel, la resistencia a tracción de las fibras que corren paralelamente al eje de la caña alcanza los 4000 kg/cm2. Para entender el orden de magnitud de esta cifra, recordemos que la madera para construcción no supera los 500 kg/cm2, el acero de obra Fe B38K resiste hasta 3750 kg/cm2 y las fibras de vidrio alcanzan los 7000 kg/cm2.

La corteza del bambú tiene un alto contenido de silicio, lo cual le confiere interesantes propiedades de resistencia al fuego.

Las primeras pruebas sobre su resistencia al fuego remontan a los años 80 del siglo pasado y fueron realizadas por el Institut für leichte Flächentragwerke de la Universidad de Stuttgart – Alemania donde se certificó que el bambú es un material combustible retardante de la llama. En España cumple con las normas del nuevo CTE (Código Técnico de la Edificación) sus certificados de reacción al fuego según la norma UNE EN 13501 lo clasifican con categoría Cfl-S1 y por lo tanto como material apto incluso para edificios públicos.


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